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Crisis financiera internacional y sus efectos sobre Argentina

La Economía Argentina se encuentra desde finales del siglo XIX muy ligada a la situación de su entorno económico externo, como suele ocurrir con la mayoría de los países “económicamente pequeños”. Y las relaciones comerciales y financieras de un país con el resto del mundo se reflejan contablemente en su Balanza de Pagos (BP), en que se registran las entradas y salidas de divisas. Por ese motivo, analizar el resultado económico de la Balanza de Pagos puede decirnos mucho sobre lo que pasa con la economía de un país.

Cuando la BP resulta económicamente superavitaria, significa que entran más divisas que las que salen del país. Si existe Tipo de Cambio (TC) flexible, éste tiende a apreciarse. Si el país cuenta con un sistema de TC fijo, el BCRA debe comprar el exceso de oferta de dólares y con ello aumenta la cantidad de pesos en el mercado. Esa mayor liquidez se transforma en mayor actividad económica interna y mayor empleo.

Así ocurrió en casi todos los años que fueron desde 1991 a 1998 (con tipo de cambio fijo y convertible), y ocurrió permanentemente desde 2003 a 2007 (con tipo de cambio fijo “a la baja”). Pero los motivos fueron muy diferentes en ambas décadas. Durante los 90’s la BP resultaba generalmente superavitaria por entrada de capitales externos (inversiones directas, endeudamiento y capitales financieros), con una Balanza Comercial (BC) que resultaba fuertemente deficitaria. En ese entonces, Argentina presentaba bajo niveles de competitividad (tipo de cambio real bajo) pero buena reputación internacional, por las reformas realizadas.

En la década actual, en cambio, Argentina presenta mejores niveles de competitividad (tipo de cambio real alto, al menos hasta 2007) pero una no muy buena reputación internacional, fruto de sus problemas e incumplimientos pasados y presentes. Así las cosas, su BP de pagos resultó positiva por el alto superávit comercial (ayudado en gran medida por el crecimiento mundial y los altos precios de las materias primas), aunque con una negativa o muy escasa entrada de capitales externos.

De modo que el entorno económico externo fue en gran medida lo que produjo las expansiones de 1991 - 1998 y 2002 - 2007, en el primer caso por entrada de capitales y en el segundo por la muy favorable situación internacional en materia de crecimiento y precios de las materias primas.

Existe un típico comportamiento argentino, en sus clases dirigentes, aunque probablemente también en su ciudadano medio, y es la tendencia a creer que los factores externos favorables continuarán indefinidamente en el tiempo, con lo cual no se desarrolla una estrategia interna realista para afrontar posibles cambios en la economía mundial. Ocurrió durante la convertibilidad, en que se pensó que los “cambios estructurales” generarían permanentes entradas de capitales externos, que financiarían el crónico déficit comercial y fiscal por entonces existente. Ocurrió nuevamente en los últimos seis años, cuando se pensó que el ciclo económico mundial continuaría eternamente a la alza, de modo que los precios de las materias primas subirían permanentemente y facilitarían el crecimiento local vía mayores valores de nuestras exportaciones primarias.

Lo que queda claro con la actual crisis financiera internacional es que los ciclos de la economía mundial no han desaparecido, y que los países emergentes deben adoptar estrategias a prueba de cambios en el ciclo mundial, sustentables a largo plazo.

¿Cómo puede afectar la crisis financiera internacional al nivel de actividad económica en Argentina? Para contestar esa pregunta hay que recordar nuevamente que es lo que producía la expansión. Ella era provocada fundamentalmente por el siguiente círculo virtuoso: precios internacionales altos de las materias primas, especialmente la soja (inicialmente también ayudó el tipo de cambio real alto, que ya no existe); incentivo para producir más bienes primarios; mayores volúmenes y valores exportados de bienes primarios y derivados industriales; alto superávit comercial; exceso de oferta de dólares en el mercado interno; compra de dólares por parte del BCRA; concomitante emisión masiva de pesos; mayor demanda de pesos por los agentes económicos, mayor liquidez generalizada, mayor actividad económica (desde 2007 también mayor inflación).

Dada la secuencia lógica anterior, ¿por cuáles vías la crisis externa puede impactar sobre la actividad económica en Argentina?: No será a través del menor financiamiento para el sector privado, pues este viene siendo ya nítidamente bajo en los últimos años (11% del PIB, contra 33% en Brasil y 58% en Chile). Ni por la falta de financiamiento externo voluntario para el Estado, por cuanto ha sido virtualmente inexistente desde el último default de la deuda. Tampoco por lo que pueda ocurrir con la Inversión Extranjera Directa, dado que ha resultado muy escasa para Argentina desde el colapso de 2001 – 2002.

Pero de lo que no quedan dudas es que a corto y mediano plazo la crisis internacional sí impactará localmente vía sus actividades de comercio exterior, dañando severamente el anterior círculo virtuoso: Menores precios de las materias primas, posiblemente menores volúmenes exportados (menor incentivo a producir y menor demanda externa); seguramente menores valores exportados; sustitución inversa de importaciones por devaluaciones en otros países; menor superávit comercial; menor necesidad de comprar dólares por parte del BCRA; menor emisión de pesos; menor liquidez; desaceleración de la actividad económica (posiblemente también de la inflación).

Los precios inusualmente altos de las commodities en los dos últimos años (ahora queda claro que en buena medida se trataba de especulación financiera, más allá que exista una tendencia al alza a largo plazo) fueron mayoritariamente visualizados como permanentes por los agentes económicos locales y los distintos niveles de gobierno. Con lo que al compás de esos precios estratosféricos se generaron movimientos en otra variables económicas, como los salarios y el gasto público, que por resultar nominalmente inflexibles a la baja, provocarán ahora severas inconsistencias: ante la caída en las commodities, la economía queda gravemente expuesta en su competitividad, con altos costos industriales y elevada presión tributaria.

Pero existe otro efecto que puede actuar en el corto plazo, y está siendo poco explorado: se trata de la “cabeza” de los argentinos. El “argentino medio” debe ser uno de los agentes económicos más castigados históricamente en el mundo, en términos de las estafas que le significaron las peores crisis económicas sobre sus ahorros y riquezas: hiperinflaciones, hiperdevaluaciones, incautación de depósitos, licuación de ahorros, etc, etc, etc. Indudablemente estos factores deben haber dejado huellas muy complejas y profundas en el cerebro de los agentes económicos locales, volviéndolos hipersensibles cuando deben tomar decisiones económicas en contextos de alta incertidumbre. Este factor es el que en realidad más daño puede producir en la actividad económica en el corto plazo. En algún modo ya se viene observando desde la crisis del campo: aumentó la demanda de dólares para atesoramiento, que sale del circuito económico, y “plancha” el nivel de actividad.

Hasta 2007 parecía predominar una visión de que el TC observado era demasiado alto. Desde este año la visión parece ser la de un TC demasiado bajo... Y el argentino promedio comienza a comprar dólares, a atesorar. Este proceso no necesariamente puede terminar con una corrida devastadora, como ocurrió en otras oportunidades, pero puede ser suficiente para quitar liquidez al sistema y amesetar el nivel de actividad económica. Aún con un considerable superávit comercial, desde el segundo trimestre del año viene observándose que el BCRA no sólo no compra, sino que debe vender reservas, lo que indica que el sistema está perdiendo liquidez en términos reales. Y eso también afectará el nivel de actividad, además de la baja en la demanda mundial y en el precio de los granos.

Por Marcelo Capello
Profesor de Política Económica – FACEA – UCC
 



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